Los alimentos funcionales son aquellos a los cuales se les añade algún compuesto de forma artificial para mejorar sus características alimenticias y supuestamente mejorar la salud del consumidor.
Estos alimentos gozan de una amplia publicidad que no es del todo fiable y un notable encarecimiento del precio respecto a otros productos del mismo tipo supuestamente debido a todo el proceso de añadir nutrientes
Un buen ejemplo de estos alimentos son los archiconocidos petit suisse. Los petit suisse son un tipo de queso fresco obtenido de la coagulación de la leche retirándole el suero, esto hace que la concentración de nutrientes que tiene el producto sea bastante más alta que en la leche natural.
Este producto está enfocado a los niños, con un formato en packs de 6 envases minúsculos, aunque recientemente salieron al mercado en otros formatos.
El punto fuerte y el problema de este producto es su promoción, la publicidad ataca a las madres donde más les duele, la salud de sus hijos, con frases del tipo “Para que tus hijos crezcan fuertes y sanos dales 2 petit suisse de merienda” y después una lista de todo lo que tienen: calcio, proteínas, vitaminas, minerales… que los tienen, pero no de esa forma exagerada, además de no informar de lo malo, porque al ser leche concentrada, la grasa saturada de la leche también aparece concentrada y eso causa obesidad y enfermedades cardiovasculares, luego aparecen representaciones artísticas de cómo el producto construye el cuerpo de los niños y los hace fuertes, las madres se lo creen y atiborran a los niños de petit suisse, obteniendo niños gordos y más bien poco saludables, además los añadidos de calcio son de procedencia química, cuyo beneficio para el organismo está en duda. Pero sin duda lo peor es que se fomente la ignorancia popular al engañar a las madres preocupadas por sus retoños para que consuman abusivamente un producto, y cualquier cosa en exceso es mala, digan lo que digan los anuncios.
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